El óxido de hierro es FeO

No hay duda, el óxido de hierro es FeO, pero si no te ha hecho gracia la broma lo entiendo, eso significa que eres una persona normal. 😉

De todas formas quería comentar otra cosilla. A lo mejor te has percatado de que el metal amarillo de este Ironman está dibujado sin corrosión. La razón es que cuando planeé la viñeta, pensé en dos metales para la fabricación del traje: hierro y cobre. Dado que el hierro tiene mayor tendencia a la oxidación y como ambos metales están en contacto, el primero actúa como ánodo de sacrificio, protegiendo al cobre de la corrosión.

La razón es que en el proceso de oxidación, el hierro, que es más electronegativo, pierde electrones antes que el cobre, por tanto el hierro se corroe (o se sacrifica) y mantiene a salvo al cobre. Esta técnica sirve para muchos tipos de metal, se llama protección catódica y suele utilizarse en barcos y otras estructuras en contacto con medios húmedos. De hecho, en el famoso “Ópera de Sidney” se utilizan placas de zinc (uno de los metales mas electronegativos que hay) para proteger el armazón metálico en contacto con el agua salina. Estas placas se cambian por otras nuevas cuando se deterioran y, gracias a esta medida, el edificio se encuentra en perfectas condiciones a pesar de su cercanía al mar.

¿Mola saber un poco sobre corrosión? Yo creo que sí, un saludo.

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Be water my friend

El agua es un compuesto magnífico. Sin agua, la vida tal y como la conocemos sería imposible; estamos hechos de ella, vivimos en ella, dependemos de ella. Me maravilla porque se comporta de maneras tan distintas, posee unas propiedades físico-químicas tan claves, que cuando dejamos de aceptarla como una sustancia ordinaria y nos paramos a analizarla de verdad, parece mentira que sea sólo el resultado de la unión de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Estos elementos por separado manifiestan otras características, pero juntos son algo más. Y eso es lo bonito de la química y la lección aristotélica de hoy: el todo es mayor que la suma de las partes. Por eso, entre otras razones, me viene perfecta la cita del mítico Bruce Lee.

Be water my friend.

Las hormonas del enamoramiento

Se acerca el día de San Valentín y con él, una excelente excusa para hablar de hormonas y enamoramiento. Y es que los seres humanos compartimos un hilo común a todas las experiencias amorosas, el hilo de la química, que desata la atracción, desboca nuestras emociones, tiende vínculos afectivos y en definitiva, provoca ese poderoso y complejo sentimiento que llamamos amor.

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El descubrimiento del fósforo a partir del pis

Para ser justos, más que oro, lo que buscaba Hennig Brand, era la ansiada piedra filosofal. Su curioso razonamiento le embarcó en una empresa para estudiar la orina humana con profundidad. Recolectó decenas de cubos de la misma, sometiendo el pis a todo tipo de procesos hasta que dio con una sustancia que mostraba unas propiedades extraordinarias: se inflamaba espontáneamente en contacto con el aire y brillaba de forma fantasmal en la oscuridad. Decidió denominar a esta sustancia, fósforo, del griego «Phos» (luz), y «phoros» (traer). Portador de la luz, muy poético.

El producto obtenido no era otra cosa que fósforo blanco, una de las formas alotrópicas de este elemento químico: es tóxico y produce terribles quemaduras en contacto con la piel.  El fósforo rojo, su forma estable, puede obtenerse a partir de él, calentándo su vapor a 250 grados o exponiéndolo a la luz solar.

Que el alquimista se topara con este nuevo elemento fue suerte, pero también perseverancia. Hoy sabemos que el fósforo es un componente esencial de los sistemas vivos y se encuentra en los tejidos nerviosos, los huesos y el protoplasma celular. Su exceso lo eliminamos a través de la orina, en forma de fosfatos y ácido fosfórico, y por eso Brand pudo encontrarlo.