Las hormonas del enamoramiento

Se acerca el día de San Valentín y con él, una excelente excusa para hablar de hormonas y enamoramiento. Y es que los seres humanos compartimos un hilo común a todas las experiencias amorosas, el hilo de la química, que desata la atracción, desboca nuestras emociones, tiende vínculos afectivos y en definitiva, provoca ese poderoso y complejo sentimiento que llamamos amor.

El cóctel de sustancias que lo produce no es un tema baladí, pero desde un enfoque más general podemos destacar qué compuestos están directamente implicados, en qué momento se producen y para qué sirven.

Por ejemplo, en la primera fase, la del deseo, nos dejamos guiar por las feromonas que impregnan el aire y nos atontamos gracias a nuestras hormonas sexuales, los estrógenos en las mujeres y la testosterona en los hombres. El deseo nos invade, el corazón se acelera, las pupilas se dilatan, la boca se nos seca y esto es culpa de la adrenalina producida en nuestra glándula pituitaria.

Cuando llega el turno de la atracción, ese delicioso juego que afrontamos con nervios y una sonrisa, entra en escena la dopamina, responsable de nuestras sensaciones de placer y que nos motiva a seguir haciendo aquello que nos gusta. Después, la feniletilamina contribuye a estimularnos más, a estar como en una nube y a darnos la fuerza necesarias para disfrutar del nuevo amor, junto con la norepinefrina, otro neurotransmisor que induce a la euforia y hace que nuestro corazón se nos salga del pecho.

Realmente en este punto nos sentimos como unos adictos, el mundo es de colores, pero gracias a la serotonina conseguimos  mantener cierto control de nuestra pasión indomable y junto con la oxitocina empiezan a estrecharse los lazos emocionales de manera más profunda para alcanzar de lleno la fase de apego. Con el tiempo, los sentimientos iniciales de pasión y lujuria se atenúan, siendo clave el papel de la vasopresina, que asienta la relación y hace que entremos en un estado más estable y sosegado.

Entonces, llegados a este punto, ¿qué hacer para recuperar la pasión inicial y no caer en la rutina? Lo más sensato; realizar actividades diferentes y placenteras con tu pareja para seguir produciendo dopamina y, por supuesto, practicar sexo. Con él, no sólo volvemos a producir oxitocina y vasopresina, que reafirma la relación, también liberamos endorfinas, compuestos que ayudan a nuestro sistema inmunitario, tienen propiedades anti-estrés, anti-envejecimiento, alivian el dolor y también colaboran en mejorar la memoria. Ahí es nada.

Por desgracia, el desamor es la otra cara de la moneda. Cuando no somos correspondidos duele, duele de verdad, porque el cerebro así lo siente y nos lo hace saber. Se activan las mismas áreas que cuando nos golpean o nos caemos. Y como toxicómanos, echamos de menos esas sustancias que nos mantenían flotando en el cielo, como si de opiáceos se tratase.

Para curarse del mal de amores, necesitamos tiempo y otras formas de placer, tanto sea, despejarse con los amigos como dedicarse a hobbies que nos motiven y fortalezcan. Sea cual sea vuestro estado personal, al final hay que disfrutar de la vida todo lo que se pueda.

Un saludo.

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2 comentarios en “Las hormonas del enamoramiento

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