Teletransporte: de la fantasía a la experimentación cuántica.

En mi afán por acercar nociones de forma sencilla, la teletransportación cuántica es uno de esos términos que siempre hay que matizar debido a que la idea tradicional de teletransporte no tiene mucho que ver con el fenómeno real.

Hagamos un repaso a los antecedentes.

Según la mitología, en la antigüedad, ciertas deidades o espíritus gozaban de la capacidad de viajar caprichosamente sin necesidad de recorrer distancia alguna. Por añadido, en el contexto folclórico y religioso, no es difícil encontrar historias de personas que podían desplazarse instantáneamente a otros lugares, ni tampoco debemos olvidar la existencia de puertas mágicas que conectaban con otros mundos; entradas secretas sólo conocidas por seres feéricos o hechiceros y que servían como atajos sobrenaturales.

Pero, aunque la idea de teletransportación siempre ha estado presente, el vocablo en sí es bastante más reciente. Fue acuñado en la década de 1930 por Charles Fort, un estadounidense que se dedicaba a investigar sucesos inexplicables de su época, muy al estilo de Cuarto Milenio. Sospecho que Fort fue víctima de charlatanes y falacias (o formó parte del tinglado) pero no en vano, la palabra perduró y se instaló en la literatura para quedarse. De todas formas, ya existían algunas obras anteriores que manejaban la concepción moderna de teletransporte. Cabe mencionar un relato de 1877 llamado El hombre sin cuerpo de David Page Mitchell, que narra la historia de un científico que averiguó como desarmar los átomos de un gato para transmitirlos a través de un cable de telégrafo. Por desgracia, cuando el protagonista intentó trasladarse así mismo algo salió mal  y sólo su cabeza llegó al otro lado.

Si tuviera que pensar en una obra anterior a esta, quizá podría incluir al famoso gato de Cheshire de Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas publicada en 1865. Las referencias se cuentan por decenas pero como no puedo citarlas todas, voy a destacar las que considero más sonadas. ¿Qué sería de la teletransportación sin Star Trek? ¿Y qué me decís de los sucesos descritos en La Mosca?

Hay ejemplos más modernos: las asombrosas capacidades de desplazamiento de Goku o los trasladores en Harry Potter. Queda patente que el ser humano ha jugado con la idea desde siempre y hasta la época actual.

Por tanto, la definición clásica de teletransporte está bien anclada en la cultura popular y es, en resumidas cuentas, el proceso de mover objetos o personas de un lugar a otro instantáneamente sin recorrer la distancia que separa ambos puntos.

¿Es esto realizable? Parece ser que no. Y sin embargo, el  teletransporte cuántico  es un hecho, pero como dije, bien distinto al de toda la vida. La diferencia radica en que en vez de desplazar un objeto, lo que se hace es transferir un estado cuántico. ¿Qué significa esto? Pues que podemos “copiar” las cualidades de, por ejemplo, un fotón a otro fotón diferente. Esto es posible gracias a una propiedad llamada entrelazamiento cuántico, que nos permite vincular dos partículas, de tal forma que el cambio en una de ellas se refleje de manera instantánea en la otra sin importar la distancia que las separe. Albert Einstein llamó a esto “efecto fantasmagórico a distancia”.

Por lo tanto; primero elegimos dos partículas del mismo tipo, después las entrelazamos, luego las separamos por medios convencionales, y finalmente transferimos el estado de una de ellas, situada en un punto A, a otra separada hasta un punto B.

(Esto no quiere decir que se consiga una comunicación instantánea, ya que un observador en B no puede saber qué tipo de información ha llegado hasta que no se le envían por canales clásicos la datos necesarios para una correcta interpretación de lo que está viendo).

La primera vez que se planteó esta fumada fue en 1993, cuando un grupo de científicos estableció sobre el papel que podía hacerse. Tan sólo 4 años después, Anton Zeilinger y su equipo fueron los primeros en demostrarlo experimentalmente con un par de fotones a una distancia de 600 metros. Desde entonces la complejidad de los experimentos, la cantidad de información transferida y las distancias no han hecho más que aumentar.

¿Y para qué sirve todo esto? Si la teletransportación cuántica se controlara como es debido, las aplicaciones van desde desarrollar comunicaciones completamente seguras, dado que el mensaje enviado no podría ser interceptado, hasta conseguir la ansiada computación cuántica, donde se aprovecharían las exóticas propiedades de la física cuántica para construir dispositivos con una capacidad de cálculo tremenda, imposible de conseguir con un ordenador clásico.

Mientras esperamos a que estos inventos lleguen, seguiré disfrutando con la ciencia ficción hasta que la realidad supere a la fantasía. Un saludo y buen fin de semana.

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2 comentarios en “Teletransporte: de la fantasía a la experimentación cuántica.

  1. Das a entender que la teleportación cuántica puede servir para realizar comunicaciones instantáneas a lo Star Wars y, que yo sepa, no es así.

    Por lo que tengo entendido la información se transmite instantáneamente, pero no se puede saber qué tipo de información se trasmitirá a no ser que haya una comunicación clásica entre los dos puntos.
    Según recuerdo haber leído, para transmitir información de un fotón A a un fotón B cuánticamente entrelazados, habría que enredar el fotón A con un fotón M (que sería la información) para que esta información llegue a B… el problema está en que al enredar A con M, este entrelazamiento puede dar diferentes estados que deberían ser comunicados por métodos clásicos a la persona que esté observando el fotón B para que pueda interpretar la información que le llega mediante la teleportación.

    A lo mejor estoy diciendo una gilipollez, es lo que tiene querer enterarse de conceptos de física cuántica pasando de todas sus matemáticas e intentando visualizar estas cosas como si fueran compatibles con nuestro mundo relativista :S

    Pero he leído a algunas personas que sí parecen saber de lo que hablan y que se mostraban bastante tajantes con la afirmación de que “NO es posible transmitir información útil más rápido que la luz”. Una pena 😦 pero a lo mejor el universo no nos deja hacer todo lo que vemos en las pelis.

    Igualmente, gran artículo, y gran chiste malo 😄

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    1. ¡Ay! Pues no quería darlo a entender así, pero es verdad que no ha quedado claro por omisión. Voy a redactar un parrafo extra en gris para completarlo. ¡Gracias Francisco! Tenías toda la razón.

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