Pollas, vitaminas y otras pollas

polla_vitaminas

Dedicado a la iniciativa #Lunespollas.

Como el que avisa no es traidor, voy a recordar la definición del tipo de polla que nos interesa tener en mente ahora mismo:

Polla

  1. f. Gallina joven, medianamente crecida, que no pone huevos o que hace poco tiempo que ha empezado a ponerlos.

Una vez aclarado este punto, y antes de que te sientas desengañado, prometo que llegado el momento hablaré sobre disfunción eréctil, pero antes tengo una historia estupenda sobre pollas y vitaminas. Una historia que habla de tenacidad, de un descubrimiento inesperado y de la cura de un conjunto de enfermedades, el beriberi, que en su día arrasaron poblaciones enteras y que ataca sobre todo al sistema nervioso y cardiovascular.

A finales del siglo XIX, esta enfermedad asolaba numerosas zonas de Asia, incluyendo las Indias Orientales Holandesas en lo que hoy llamamos Indonesia. El gobierno Holandés, convencido de que el beriberi era consecuencia de una infección bacteriana, envió en 1886 a tres investigadores cuya misión consistía en identificar el patógeno responsable. El equipo constaba de dos científicos, Clemens Winkler y Cornelis Pekelharing, y por un médico de 28 años llamado Christiaan Eijkman.

Tras dos años de infructuosa investigación, los científicos regresaron a Holanda y Eijkman incansable continuó su búsqueda desde el hospital militar de la isla de Java.  El joven médico utilizaba gallinas de corral para sus estudios, ya que las aves —pollas incluidas— desarrollan una neuropatía de características similares al beriberi humano y sirven como modelo análogo. Con el tiempo, se dio cuenta que no había manera de transmitir la enfermedad a las pollas y gallinas sanas a partir de ejemplares enfermos.

Pero si no se trataba de una infección ¿Qué podía estar causando aquellas temidas epidemias?

Algo ocurrió en el trascurso de sus investigaciones. De repente, sin razón aparente, la población de gallinas enfermas descendió en poco tiempo. Eijkman, que no era tonto, buscó en el entorno algo distinto que explicara aquel efecto en la incidencia de la enfermedad. Lo único que encontró fue un ligero cambio de dieta de las aves. Hasta ahora, en el hospital donde trabajaba, estas eran alimentadas con el mismo arroz refinado que se le daba a los pacientes pero, con la llegada de un nuevo cocinero, se ordenó dar de comer arroz sin refinar de “peor calidad” a estos animales emplumados.

El médico holandés intrigado, dividió las gallinas enfermas en dos grupos. A uno lo alimentó con arroz refinado, al otro con arroz integral. El experimento fue un éxito puesto que el grupo que comió arroz con cáscara recuperó la salud rápidamente.

Eijkman comentó estos resultados con su colega Pekelharing que intuyó la verdadera razón de aquella mejoría: la cáscara de arroz contenía un principio activo que prevenía el beriberi.

No era la primera vez que se llegaba a la conclusión de que el secreto de esa enfermedad radicaba en la dieta. En 1884, un médico militar japonés, Takaki Kanehiro, tras observar que los marineros caían enfermos con mayor frecuencia que los oficiales, solicitó que se completase la alimentación de los primeros con carne y legumbres, consiguiendo que su barco fuese el único libre de la enfermedad. Este incidente no llegó a trascender demasiado.

Tampoco era la primera vez que se detectaba una enfermedad carencial; ya en el siglo XVIII un cirujano de la armada británica había descubierto que los vegetales frescos y zumos curaban el escorbuto. En cualquier caso se desconocía por qué estos alimentos mejoraban a los enfermos.

Pero ahora había un alimento concreto que parecía contener un ingrediente esencial, diferente de las grasas, azúcares y proteínas, cuya ausencia producía la grave enfermedad. Los científicos se lanzaron sobre la pista de la cáscara de arroz hasta que, en 1910, el japonés Umetaru Suzuki y sus colaboradores, aislaron el componente activo, más tarde conocido como vitamina B1 o tiamina. La primera de las sustancias denominada colectivamente como Vitaminas.

Después de su hallazgo, Eijkman regresó a Holanda, donde ejerció como profesor de la Universidad de Utrecht durante 30 años y recibió en 1929 el premio nobel de medicina por su descubrimiento. Su trabajo en las Indias Holandesas es un gran ejemplo de esfuerzo, en el que a menudo se ven involucrados los científicos, pero también un golpe de suerte, el inesperado cambio de dieta de las pollas que fue la causa inmediata de un avance crucial para la medicina y la nutrición. En esos años se abrió la veda para que otros científicos aislaran y sintetizaran otras vitaminas.

Y hasta aquí, termino con la relación entre pollas y vitaminas pero ¿cómo asociamos todo esto con penes?

Hubo otra vitamina del mismo grupo que la tiamina que sintetizó a partir de la cáscara del arroz en 1914. La B3, también conocida como niacina, es esencial para el metabolismo energético de las células y mejora la circulación sanguínea. En dosis importantes puede ayudar a combatir la disfunción eréctil, al menos según un estudio realizado por la universidad de Hong Kong en 2011 y creo, aunque he hecho un pelín de trampa, que puedo dar por concluido el círculo de relación entre pollas, vitaminas y otras pollas.

BIBLIOGRAFÍA

Para la realización de este artículo, me he basado en un capítulo del libro El científico que derrotó a Hitler y otros ensayos sobre la historia de la ciencia, de Alejandro Navarro Yánez. Una obra que recomiendo y que contiene otras curiosidades sobre ciencia y divulgación, tan interesantes como ésta. Un saludo.

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5 comentarios en “Pollas, vitaminas y otras pollas

  1. La historia del escorbuto la he visto en mil sitios, pero la del beriberi es más “cara de ver”. Felicidades por el post.

    Por cierto, “En cualquier caso se desconocía porque estos alimentos mejoraban a los enfermos.”: se te ha colado un “porque” por el “por qué” 😉 En cuanto esté corregido, esta entrada será la polla.

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