Una reflexión sobre productividad

Una pequeña reflexión para hoy. A veces, con el afán de ser productivos, nos marcamos objetivos ambiciosos, planificamos una jornada eficiente y asumimos un ritmo diario “óptimo” que en realidad es frenético. Es como pretender completar una carrera de fondo a sprint.

El resultado es previsible: te quemas antes de llegar. Lo que consideras que es tu 100% seguramente es el 130%; somos unos optimistas incorregibles. A medida que nos cansamos, llega la culpabilidad, en vez de concluir que nos hemos excedido, consideramos que estamos fallando.

Perdemos autoestima, nos comparamos con otros que hacen más en menos tiempo, sin considerar que quizá sus circunstancias personales son más propicias o que nuestra experiencia aún está verde. Tenemos prisa, la competición es abrumadora, el mundo nos exige que no seamos mediocres.

Toda una atmósfera irreal, bajo una premisa falsa que nos da una expectativas irrealizables. Las metas ambiciosas suelen ser verdaderas maratones. Es verdad que crecemos con cierto grado de estrés, pero es justo eso, una dosis bien calibrada.

Así que planificarse de forma eficiente es considerar el descanso, el ocio, la vida social y los imprevistos. Ser consciente de tu verdadero ritmo, no del que te gustaría tener. Quizá un día mires atrás y digas «vaya, si que soy rápido». En vez de pensar que ahora eres lento.