Cronopocalipsis: un relato corto de ciencia ficción.

No practico mi escritura tanto como debería, pero, de vez en cuando, me entra el gusanillo y me animo a dejar volar la imaginación…y los dedos. El otro día en twitter publiqué un pequeño extracto, un primer párrafo de esta breve historia, que tuvo buena recepción. Este fin de semana dí los últimos retoques y me trabajé esta portada para la ocasión.

Sin más tardanza os dejo con Alma y el cronopocalipsis. Espero que sea de vuestro agrado.

 

Cronopocalipsis

Autor: Carlos Pazos

«El universo fluye; es la fuente atemporal que brota de lo más alto de la montaña de la entropía y discurre hacia el mar de la inexistencia. Su cima es aquello que llamáis Big Bang y sus faldas, la muerte térmica. Pasado, presente y futuro cobran sentido en sus aguas y los eventos del cosmos se manifiestan en su corriente: los remolinos, agujeros negros; las salpicaduras, cataclismos más allá de toda imaginación, pero, sin importar el evento, la flecha del tiempo nunca retrocede. Lo llamamos el Flujo, el inevitable curso que viaja ladera abajo formando infinitos regueros, líneas del destino que se ramifican una y otra vez en cada decisión, en cada acontecimiento… en cada evento fortuito. Uno de esas líneas es nuestra realidad y, si sabes cómo, es posible navegarla».

Alma rememoró las palabras que tanto la impresionaron en su primera lección. Si su maestro hubiera sospechado alguna vez lo que estaba a punto de hacer, jamás la habría instruido.

«Cada vez que desafíes el Flujo envejecerás: viajar a favor de la corriente, hacia el futuro, te restará días de vida; detenerte o retroceder serán meses o años. No debes hacerlo a menos que sea estrictamente necesario».

—Sí, un alto precio, pero el tejido de la realidad está colapsando y, si no averiguo por qué, todo habrá sido en vano.

Escudriñó el cielo, preocupada. La anomalía se avecinaba inexorable, las señales eran evidentes: aire enrarecido, luz azulada y otras mil alteraciones leves que su mentor le había enseñado a reconocer. Apenas quedaban unos minutos de margen antes de la hecatombe. No más dudas, no más pesar. Cerró los ojos y trató de abstraerse de la destrucción inminente. Para bien o para mal la Gran Huída terminaba ese día.

***

—¿Y como sé que puedo hacerlo si nunca lo he intentado?

—Nunca has contado hasta un millón pero podrías si quisieras ¿verdad?.—la aleccionó su maestro.

Alma fue a replicar pero enseguida entendió y asintió despacio.

—¿Y usted Mao-Sá? —preguntó Alma con todo el respeto que le fue posible entonar—, ¿Cuántas veces ha regresado?

El Mao-Sá la miró como si no estuviera allí. Su rostro vetusto, con arrugas en las arrugas, reflejó un atisbo de melancolía.

—Con una fue más que suficiente. ¿Sabes lo que eso significa?

—Que fue estrictamente necesario.

—Bien. Creo que por hoy podemos irnos a descansar.

—Mao-Sá…—añadió ella negándose a terminar la conversación ahí—. Si algún día retrocedo… no serán mis padres, ni mis amigos. No podré cambiar nada de mi línea temporal. ¿Por qué debería saltar?

—Puede que no tengas más remedio.

***

Alma, con las dos manos, comprimió un objeto cerámico contra su pecho y se concentró. Años de meditación y entrenamiento, años de conocimientos adquiridos que no pertenecían a su época iban a significar algo. ¿Cuántas veces se sintió desdichada porque nadie la entendía? ¿Cuantos la habían tachado de perturbada fuera de la Doctrina?

Tanto esfuerzo, tanta frustración, tanto de sí misma por una verdad demasiado grande y demasiado abrumadora.

***

—Para navegar el Flujo necesitas energía. Este objeto es el Halo y te permitirá canalizar y concentrar ingentes cantidades de ella. Empezaremos despacio, te aseguro que podrías destruir el planeta entero si haces mal uso de esto.—

—Es bonito, tiene un aspecto futurista —acertó a decir la joven para restarle importancia.

Con una mueca de disgusto, Mao-Sá extendió su brazo para ceder el Halo a su única alumna. Hacía mucho que eran solo ellos dos. Alma había demostrado ser la única con la inteligencia y la tenacidad requerida para continuar con la ominosa tarea que él mismo había heredado.

—Al menos se salvará —pensó—, hay espacio para la esperanza.

—¿Quién fabricó esto? —siguió ella entusiasmada ignorando a sabiendas que sostenía un arma de destrucción masiva como si fuera un abalorio.

—De momento solo voy a decirte que has acertado y viene del futuro. Ten cuidado con él, por favor.

***

Un potente destello se escapó de entre los dedos de Alma que se iluminaron como luces de neón. Después, como una implosión, la luz se retiró y la atmósfera se enfrió a su alrededor a temperaturas cercanas al cero absoluto. Una esfera de gases congelados la envolvió, como si una capa invisible la protegiera, y el frío se extendió desde su posición a varios kilómetros a la redonda. Cada brizna de calor fue absorbida, cada vibración alterada y luego, la quietud. La más absoluta quietud que dio paso a la desintegración de grandes cantidades de masa en energía; el decaimiento masivo de partículas en otras más sencillas. De alguna manera inaudita el Halo canalizaba aquella conversión, sin aniquilar a su portadora, almacenando toda radiación en una dimensión anexa. Era un constructo que trascendía todo lo concebible. Alma mantuvo su vínculo mental consciente de que su cuerpo había cedido, por proximidad, una pequeña parte de sí misma. Mientras más se prolongara el proceso, más esperanza de vida sacrificaría.

***

—Es hora de que te cuente toda la verdad. Siéntate pequeña.

El Mao-Sá parecía cansado. Alma sospechaba que se debía a una noche de vigilia. Sonrió porque a pesar de los muchos años, ya siendo una mujer adulta, aún la llamaba pequeña.

—Hoy cumplo sesenta y seis años.

«Imposible. Debería ser mucho más viejo». Y Alma comprendió el verdadero precio que había pagado Mao-Sá por haber desafiado el Flujo.

—Escucha bien, no me interrumpas.

Ella guardó silencio, expectante.

—Dentro de unos años te verás obligada a retroceder tal y como tuve que hacerlo yo. Aquella vez salté hacia atrás, todo lo que pude, escapando de un evento que deshizo el espacio-tiempo en mi época y que se propaga desde el futuro en sentido contrario al Flujo. —el Mao-Sá pronunció el discurso como si lo hubiera ensayado infinidad de veces. Hizo una breve pausa para tomar aliento y continuó—. Mi maestro me confesó lo mismo que estoy por revelarte ahora y él, a su vez, escuchó una historia similar del suyo. Así ha sido durante miles de generaciones, tantas que la cuenta exacta se ha perdido. En todos los casos el alumno escapa hacia el pasado con el Halo, esperando ocupar una línea temporal que no sea destruida, y todas las veces, sin importar lo que intentemos para deshacerlo, la calamidad nos alcanza.

No hay motivos para pensar que esta vez será diferente. Lo cierto es que debe tratarse de una metaestabilidad del vacío: hacia el futuro no hay universo al que escapar y hacía el pasado, cada vez es más difícil transmitir la Doctrina. Hemos huído durante miles de años para mantenerla viva con la esperanza de que alguno de nosotros averigüe cómo detener este despropósito.

«Una metaestabilidad del vacío… o sea, la fuente de se está desmoronando desde la base» pensó Alma estremecida. El Mao-Sá la examinó con ojo crítico valorando si estaba asimilando las implicaciones de sus palabras.

—Toma —su maestro le entregó, por segunda vez en su vida, otro extraño objeto —, esta unidad de datos guarda el conocimiento de todos los Mao-Sá que han vivido para continuar la investigación. Hay partes irrecuperables pero todavía funciona. A partir de ahora repasaremos gravedad cuántica, campos aleatorios continuos y todo esa física que tanto te gusta.

«Muy gracioso». Pensó Alma que solía saltarse esas lecciones.

A mi no me queda mucho tiempo, habrá que ir deprisa. Sé que estás preparada Alma, has nacido para ser la próxima Mao-Sá, mejor que mi maestro y mejor que yo. No temas porque, por todo lo que has aprendido y padecido, al menos tendrás una vida. Una gran responsabilidad también pero de elevada finalidad.

***

Alma concentró cuánta energía pudo y evaluó su salto. Quizá fuera un genio a punto de cometer un disparate pero esperaba que la hiperesfera de Boltzmann que la protegía poseyera suficiente integridad como para soportar el viaje a través del vacío absoluto.

«Me llevo un trocito de universo conmigo, por favor, que funcione» rezó a nadie en particular.

***

La vena de la frente apergaminada del Mao-Sá parecía a punto de estallar.

—¡Ya eres mayor como para hablarnos con metáforas. No digas sinsentidos, si vas hacia adelante, si no hay flujo, no puedes viajar! Lo único que conseguirías es desintegrarte.

—Pero eso es porque lo damos por sentado. ¡nadie lo ha puesto a prueba!

—¡Precisamente, es demasiado arriesgado! Incluso aunque estuvieras en lo cierto ¿Cómo vas a encontrar la Tierra si no está?¿Cómo darás con las coordenadas correctas cuando no hay coordenadas ni referencia alguna?

—Si mi hipótesis es cierta emergería justo en la singularidad. ¡Es la única oportunidad que tenemos!

—No hay ensayo y error aquí. Me niego a que te condenes a ti y a todo el multiverso por un estúpido pálpito.

—Si no probamos otra estrategia es cuestión de tiempo que algún Mao-Sá muera antes de enseñar la Doctrina. La Gran Huída habrá sido en vano, es un milagro que esta estupidez haya perdurado tanto.

—¡Cómo te atreves…!—

Su maestro se llevó la mano al pecho presa de un dolor indescriptible en el corazón.

No sobrevivió al ataque cardíaco… y Alma nunca se perdonó.

***

—Quizá lo he racionalizado todo. Quizá es el suicidio más caro de la historia. —se dijo Alma en un segundo plano de pensamiento. —Pero no, no tiene sentido repetir lo mismo una y otra vez. Se acabó.

Y avanzó hacia adelante, hacia la anomalía.

Se sumergió en un océano de probabilidad, un espacio sin espacios cuyas constantes universales no se definían. No hubo salto, porque no había tiempo. Transcurrió un instante y una eternidad, y su hiperesfera, el último resquicio de realidad, se derivó por inercia hacia la única posibilidad. Todo fue oscuridad y luz. Todo fue y nada también.

***

Despertó es la habitación más extraña que jamás hubiera imaginado. No pudo entenderla porque no tenía referencia humana con que compararla. Simplemente supo que no corría peligro. Una entidad de forma cambiante e incomprensible apareció como por arte de magia para hablar con ella. En un parpadeo aquel ser se transformó en una réplica exacta del Mao-Sá.

—Gracias Alma. —le dijo una voz irreal que imitaba a la de su querido maestro.

—¿Que ha ocurrido? —preguntó confusa pero extrañamente tranquila.

—Nos has mostrado nuestro error. Lo has salvado todo.

—¿La anomalía desapareció? —Alma supo que su interlocutor utilizaba un vocabulario comprensible para ella.

—La hemos apagado pero el daño está hecho. Hemos perdido eones que no regresarán —respondió el falso Mao-Sá.

—¿Por qué ocurrió?

—Es difícil de explicar. Buscábamos superar nuestro propósito original pero lo único que conseguimos fue acelerarlo. Como diría tu maestro, deseábamos crear nuevas montañas y casi derrumbamos la nuestra.

Alma entendió y asintió despacio.

—¿Puedo volver?

—Puedes antecesora. Las líneas se han reescrito.

—¿Os afecta que vuelva?

—Somos inevitables.

***

Alma regresó a un tiempo que le fue familiar, sin Halo ni unidad de datos. No eran exactamente sus padres, ni sus amigos, pero no importó. Rió, lloró y fue feliz. Tuvo hijos y nietos. Exprimió cada segundo como si fuera el último y aunque pensó guardar silencio, al final me contó su gran secreto y de cómo el cronopocalipsis nunca ocurrió.

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10 comentarios en “Cronopocalipsis: un relato corto de ciencia ficción.

  1. Impactante. Multiverso…. viajera el el tiempo… Seres semidioses… Tiene de todo, comprimido en muy poco relato!!!!! Esta muy bien. Queremos más!!!!!! 😀

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  2. Acabo de leer tu relato, esta muy bien…he venido por tu propia recomendación en radioskylab, has hecho bien en hacerla. Merece la pena. Mi hija también escribe (ciencia- ficción y fantasía) creo que es buena (amor de padre?, no en serio lo hace bien, tiene mucha imaginación). Esta en wattpad usuaria @mettakkcraft, ya me comentarás. Saludos

    Pd: yo estoy en ello, pero solo muy lento con el teclado, y levo un retraso monumental con mi idea…quizá cuando me jubile, je, je

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